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 Las
Guerras Napoleónicas
Capítulo
XXV
marzo a junio 1814
Índice
de épocas y temas disponibles en esta página:
Sexta Coalición: Invasión
aliada de Francia septentrional II: marzo a abril 1814.
Fin del I Imperio Francés y
Exilio de Bonaparte; abril a junio 1814
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Las Guerras Napoleónicas:
Capítulo XXV, 1ª parte
Invasión Aliada
de Francia Septentrional (II): 1814
1814
2
a 3
marzo 1814:
Capitulación de
Soissons
El 28 de febrero, mientras Napoleón persigue
al Ejército de Silesia, Scharzemberg ordena al Príncipe sueco
Bernadotte que movilice en su ayuda a la vanguardia de su Ejército del Norte,
que avanza lentamente por Bélgica. Los Cuerpos de Ejército de los generales Winzingerode y Bulow
entran en Francia con órdenes de unirse al contingente de Blücher.
El 1 de marzo Scharzemberg pide a Winzingerode
y Bulow que tomen la plaza fuerte de Soissons, para facilitar la
entrada del resto del Ejército del Norte y despejar el camino
hacia París al Ejército de Silesia; la capital es el objetivo
principal de la campaña aliada.
La guarnición de Soissons la comanda el
general Moreau, y entre sus tropas se halla la Legión del Vístula, una
unidad polaca de élite, pero sólo tienen 6 cañones para su defensa,
por lo que no podrán
resistir durante mucho tiempo sin ayuda exterior. Napoleón informa de
que irá a socorrerles, pero está demasiado lejos; aun así ordena
tajantemente al
general que vuele el puente sobre el Aisne para obstaculizar el avance
aliado hacia París.
El 2 de marzo, Winzingerode y Bulow
asaltan la villa, pero son rechazados por los defensores. Los Cuerpos
de Ejército franceses de los mariscales Marmont y Mortier están más cerca y podrían
ayudarles, pero tienen menos de 20.000 hombres, y su misión es
interponerse entre el Ejército de Silesia y Paris.
El 3 de marzo, Napoleón se dirige
a Soissons cruzando el Marne por Chateu Thierry; esperando llegar antes
de que los prusianos tomen la plaza.
Pero Moreau capitula el mismo día, pues los aliados prometen perdonarle
la vida a él y a todos sus hombres, permitiéndoles salir de la villa con
honores de guerra, lo cual cumplen, y así Blücher entra en la ciudad sin
necesidad de luchar más. Bonaparte ordenará arrestar a Moreau.
Blücher deja 10.000 soldados en Soissons y cruza el río Aisne por
el puente que Moreau dejó intacto. El 5 de marzo recibe refuerzos del
Ejército del Norte, reuniendo 100.000 soldados en Reims. Marmont y
Mortier intentarán recuperar Soissons ese día, en vano, uniéndose
después a
Napoleón, que tiene bajo su mando unos 68.000 hombres, situados entre Fismes y Berry au Bac, al sudeste de Craonne, en espera de
refuerzos.
6 marzo 1814:
Macdonald y Oudinot se
retiran ante el avance del Ejército de Bohemia.
7 marzo 1814:
Batalla de Craonne
El día 6 de marzo, Blücher, que desea tanto un
enfrentamiento como Bonaparte, emplaza su vanguardia, los Cuerpos de
Ejército de los generales Sacken y Woronzoff en la granja Hertebise, a
3 millas de la villa de Craonne. Napoleón avanza hacia Chemin des
Dames con la intención de tantear las posiciones del Ejército de
Silesia al que cree haber aislado.
Blücher desea mantener abierta su ruta de
suministros y comunicaciones por Soissons, a la par que abrirse camino
hacia París preparando una gran ofensiva. Woronzoff despliega a sus
rusos en primera línea, en lo alto de la meseta de Craonne, Sacken
queda en reserva. Otra columna aliada avanza por Festiux para proteger
su flanco izquierdo, formada por la infantería de Winzinegerode y la
caballería de Von Yorck seguida de la infantería de Kleist y Yorck. En
total, los aliados en el sector suman 85.000, en buena parte prusianos.
Napoleón pretende interrumpir la ofensiva
aliada y obtener una victoria definitiva. Planea un ataque frontal desde
Chemin des Damens con la infantería del 2º Cuerpo de Ejército del
mariscal Víctor, apoyado por la caballería de Ney desde el flanco
izquierdo, con la misión de envolver al enemigo por su derecha, por
Ailles y Vassogne. Los franceses son 37.000, pero con la moral muy alta
por creer que lucharán contra menos aliados que ellos.
El 7 de marzo a las 09:00 horas la potente
artillería francesa abre fuego contra la meseta de Craonne. El
impaciente mariscal Ney confunde la primera salva con la señal convenida
para maniobrar a su caballería, y da la orden de avance cuando la
infantería de Víctor aún no ha comenzado su ataque central. Hacia las
11:00 horas los jinetes deben desistir de su intento de flanqueo, pues
los rusos de Woronzoff refuerzan su ala derecha, rechazándoles.
Ney organiza otro asalto contra la izquierda
rusa. con apoyo de artillería, mientras Nansouty carga contra la
derecha, y la infantería de Víctor contra el centro.
Los rusos ceden terreno en buen orden, por lo
que Woronzoff los lanza al contraataque recuperando sus posiciones
iniciales. Ney envía al frente varias unidades de caballería de la
Guardia, que les detienen, mientras su ala derecha retrocede ante la
presión conjunta de los infantes de Víctor, que cargan a la bayoneta
calada, y los jinetes de Nansouty.
Pero a las 14:00 horas, las avanzadillas de los
12.000 soldados de Winzingerode y Yorck comienzan a aparecer por la
derecha de las tropas francesas, precisamente cuando la caballería de
Ney están ascendiendo a la meseta, a punto de flanquear a Woronzoff.
Napoleón reacciona con rapidez, ordenando a
Drouot que dirija 88 cañones de la Guardia contra el centro aliado, para
hundirlo, mientras la infantería de la Vieja Guardia marcha contra las
tropas del general Kleist, que avanzan demasiado separadas del resto de
Cuerpo de Ejercito su columna.
Blücher ordena a los rusos de Woronzoff y a los
prusianos de Sacken que se retiren hacia el norte de Laon, pues el
grueso de la columna de Winzingerode y Yorck está demasiado lejos como
para poder protegerles. La demora de su llegada se ha debido, además de
la lentitud de maniobra, a que los oficiales han tomado caminos
equivocados, lo que ha dado lugar a atascos en cruces, con mezcla de
unidades y el consiguiente desorden.
Por la tarde, ya todo el Ejército de Silesia se
retira perseguido hasta las 20:00 horas por los franceses, que se
adueñan del terreno entre Chemin des Dames, Soissons y Laon, hacia donde
se repliegan los coaligados, preparándose allí para otro nuevo
enfrentamiento.
Los aliados sufren unas 5.000 bajas, la mayoría
prusianos, en un enfrentamiento que Blücher debería haber ganado por la
fuerza del número, pues pudo reunir el doble de hombres que sus
adversarios. Los franceses tienen unas 5.400 bajas, casi todos de los
Cuerpos de Víctor y Grouchy, en una victoria exigua que a Napoleón no le
reporta ventaja estratégica alguna; ninguno de los contendientes
consiguió lo que esperaba.
8 marzo 1814:
Combate de
Etouvelles.
8 marzo 1814:
Los británicos del general Graham fracasan en Bergen Op Zoom, en
Bélgica.
8 marzo 1814:
Tratado de Chaumont.
Ante la presión diplomática del
ministro británico Castlereagh, los representantes de las cuatro grandes
potencias coaligadas, Rusia, Austria, Prusia e Inglaterra, se reúnen en
Chaumont acordando que su alianza militar se mantendrá después de la
inexorable derrota de Napoleón, con la finalidad de mantener el
equilibrio de fuerzas en Europa y adoptar el mapa político que acuerden. Este tratado será
el precedente de la futura Santa Alianza.
9 a 10 marzo 1814:
Batalla de
Laon.
Tras retirarse de las alturas de
Craonne, Blucher concentra a su Ejército de Silesia, reforzado por el
Ejército del Norte del Príncipe Bernadotte, en Laon y sus inmediaciones.
Laon es una villa bien fortificada
en lo alto de una colina que domina las planicies que se extienden al
norte, en tanto que al sur, entre los caminos a Reims y Soissons, sólo
hay un terreno pantanoso muy difícil de cruzar a caballo e impracticable
para carruajes. Los pueblos de alrededor están bien fortificados y son
fáciles de defender, como Bruyeres. Aun así, Napoleón intentará
desalojar a los aliados de sus excelentes posiciones.
Blücher, que está cerca de Laon
con la reserva de 36.000 prusianos y rusos de Sacken y Langeron,
despliega en el sector al Cuerpo de Von Bulow, unos 17.000 prusianos que
ocupan Semilly y Ardon, el de Winzingerode, unos 25.000 rusos apostados
en las llanuras al norte de Laon, y finalmente los de Von Kleist y Von
Yorck, unos 25.000 aliados posicionados al este de Laon y en
Athies. En total, los aliados suman unos 103.000.
A primeras horas del 9 de marzo, el mariscal
Ney avanza en plena nevada hacia las localidades cercanas a Laon, por el
lado del camino entre esta y Soissons. Esperaba asaltarlas una y una
sorprendiendo a los aliados, pero son estos los que salen a su
encuentro, y los franceses se retiran a Chivy, sólo 2 millas al sur de
Laon.
En Chivy, el general Mortier se une a Ney, y
juntos sus 30.000 soldados reanudan el avance, tomando las casas de las
afueras de Semilly; pero al mediodía los aliados contraatacan y los
asaltantes deben replegarse.
Napoleón se sorprende de hallar un enemigo que,
aún siendo agresivo y superándole en más del doble de fuerzas, no se
atreve a atacarle en campo abierto, prefiriendo parapetar casi todas sus
unidades en las poblaciones fortificadas. Bonaparte tiene bajo su mando
directo unos 7.000 soldados y el mariscal Marmont dispone de otros
10.000 hombres y 55 cañones, en total los franceses suman unos 47.000.
Blücher, que desde su puesto de observación en
Laon puede contemplar todo el sector, intenta envolver a los franceses
lanzando varias unidades de caballería sobre su flanco izquierdo, pero
estos rechazan el intento. Los aliados creen enfrentarse a una
vanguardia francesa, y no a todos los efectivos de que dispone
Bonaparte.
Napoleón planea un doble ataque coordinado,
enviando a Ney a ocupar Semilly y las
poblaciones al sur de Laon como paso previo al asalto de la plaza,
mientras Marmont presionará sobre el flanco izquierdo aliado, intentado
envolverlo.
Durante las primeras horas de la tarde, varias unidades francesas
de Ney toman
algunas posiciones aliadas, pero su inferioridad hace que les resulte
imposible mantener sus conquistas, pues los coaligados contraatacan
siempre enviando más tropas, y continúan reteniendo Semilly.
Blücher moviliza su Reserva al este de Laon,
previniendo que los franceses intenten un ataque principal contra la
plaza por el camino de Reims; pero es sólo el Cuerpo de Marmont el que
avanza por él. Los aliados aun
no creen que los franceses en la zona sean todos los que puede movilizar
Bonaparte, como sucede en realidad.
A las 10:00 horas, Marmont inicia el avance
llegando a Festieux, y a mediodía consigue abrirse camino hasta Athies,
logrando hacia las 17:00 horas desalojar a los aliados que lo defendían,
y resiste sus contraataques hasta que cesan dos horas después,
atrincherándose y levantando tiendas para pasar allí la noche.
Hacia las 18:00 horas, Napoleón envía a toda su
infantería en apoyo de los ataques de Ney en Semilly, pero los aliados
envían aún más tropas y el intento fracasa, los franceses del
contingente de Bonaparte se repliegan a Chavignon, mientras Marmont
continúa en Athies, ignorando que el resto del ejército francés se ha
retirado y que ya no cuenta con ningún apoyo táctico, estando solo ante
el contingente coaligado.
A las 19:30 horas, el Cuerpo de Ejército aliado
de Von Yorck asalta el campamento de Marmont en Athies, arrasándolo por
completo, capturando todos sus carruajes y 45 cañones, además de
infringirle unas 3.500 bajas, un tercio de sus efectivos; tan sólo la
intervención de unos 100 jinetes rezagados de la Vieja Guardia evita
mayores pérdidas al salir de Festiux para proteger la desbandada
francesa.
Poco después del amanecer del 10 de marzo,
Blücher, de unos 70 años de edad, cae enfermo, y su Jefe de Estado
Mayor, Gneisenau, cancela la orden de ataque dada por su comandante a
las 08:00 horas. Napoleón, al percatarse de que los aliados no le han
perseguido como esperaba, despliega de nuevo a sus tropas en una actitud
desafiante.
Ante la pasividad del Ejército de Silesia,
Bonaparte reanuda las hostilidades ordenando ataques contra las
posiciones de los coaligados, que rechazan todos los asaltos franceses.
Napoleón se convence de que sus acciones son inútiles contra la
estrategia defensiva aliada, y a las 16:00 horas da orden de retirada,
en dirección a Reims y Soissons.
En los dos días, los franceses han sufrido
6.000 bajas, y los aliados han unas 4.000.
En esta victoria Blücher tuvo la oportunidad de
destruir a todo el ejército de Napoleón, que por menospreciar a los
aliados se arriesgó demasiado contra un objetivo difícil de alcanzar;
tras esta derrota evitará más acciones ofensivas a gran escala,
pues ha perdido hombres y material de guerra que no puede reemplazar.
12 marzo 1814:
La ciudad de Bordeaux se pronuncia contra Napoleón
y a favor de los Borbones.
13 marzo 1814:
Batalla de Reims.
El 11 de marzo, Napoleón llega a
Soissons con 30.000 soldados, sin ser hostigado por los aliados que le
derrotaron el día anterior cerca de Laon. Geneisenau, temporalmente al
mando del Ejército de Silesia por hallarse Blücher enfermo, se negó a
perseguirle, a pesar de las protestas de los demás oficiales coaligados.
Al día siguiente, Bonaparte es informado de que
su antiguo mariscal y virrey de Nápoles, Murat, se ha unido a la
Coalición (lo cual sucedió en enero). El mismo día el Ejército de
Silesia reanuda su campaña contra Napoleón, avanzando hacia el este el
Cuerpo de Ejército del general Saint Priest, de unos 15.000 soldados
rusos y prusianos.
El 13 de marzo, Napoleón decide recuperar la
iniciativa, dirigiéndose hacia Reims al encuentro de esta unidad aliada.
A las 16:00 horas ordena a 10.000 de sus
hombres que ataquen a las tropas de Saint Priest, cuyas líneas resultan
arrolladas; el mismo resultará muerto en combate, sufriendo su
contingente unas 3.000 bajas entre muertos y heridos, y otros 3.000 son
capturados junto a 23 cañones. Los franceses tienen unas 1.000 bajas.
Esta rápida y gran victoria hace que Bonaparte
recupere la confianza de sus soldados, que sin embargo están ahora en
medio de dos grandes ejércitos aliados.
14 marzo 1814:
Schwarzenberg avanza hacia Arcis sur Aube,
camino de París.
17 marzo 1814: Schwarzenberg
se detiene y acampa entre Arcis sur Aube y Troyes.
19 marzo 1814:
II Congreso de Chatillon
Tras ser suspendido en febrero por la falta
de respuesta de Francia ante las exigencias de la Coalición, se vuelve
a celebrar otra ronda de conversaciones entre los delegados de los
diferentes países europeos implicados en la contienda.
Caulaincourt, representante francés, reabre
el congreso al presentar una contrapropuesta, afirmando que su nación
está dispuesta a devolver los territorios anexionados después de 1789
si a cambio se le permite participar de forma activa en la
reorganización del mapa político europeo que tendría lugar una vez
acabado el actual enfrentamiento armado.
Los representantes de las potencias aliadas
se niegan; reafirmando que la guerra sólo podrá terminar con la
abdicación de Napoleón y la rendición incondicional francesa.
17 marzo 1814:
Combate de Fismes; Blücher derrota a Marmont.
18 marzo 1814:
Combate de Bubna, el mariscal francés Augereau
es derrotado.
19 a 24 marzo:
Sitio de Maubeuge, en Bélgica.
19 marzo 1814:
Capitulación de Lyon.
20 marzo 1814:
Combate de Tarbes; Augerau es de nuevo derrotado
en Limonest.
20 a 21 marzo 1814:
Batalla de
Arcis sur Aube.
Napoleón divide a sus fuerzas para
defender París de los ejércitos aliados; él mismo, con unos 27.000
soldados, se dirige hacia Arcis para enfrentarse al Ejército de Bohemia
del mariscal Schwarzenberg, y envía a los mariscales Mortier y Marmont
con otros 21.000 hombres contra el Ejército de Silesia del general
Blücher, que se acerca a la capital.
El 20 de marzo a las 11:00 horas, Napoleón
inicia su marcha hacia Arcis sur Aube, pero Schwarzenberg ordena a sus
80.000 austriacos levantar los campamentos entre esta y Troyes, e
iniciar una marcha para desplegarse más al norte; poco después las
patrullas de reconocimiento aliadas encuentran a la columna francesa de
Bonaparte.
Hacia las 14:00 horas los austriacos atacan por
sorpresa la vanguardia de Bonaparte, que no había previsto tal
posibilidad por esperar una escasa presencia aliada en el sector,
ordenando al mariscal Ney repeler el asalto aliado y continuar;
progresivamente se irán sumando más unidades aliadas y francesas al
combate mientras otras están en camino.
Los 18.000 franceses de la vanguardia francesa
del mariscal Ney logran tomar el pueblo de Arcis, para después librar
una lucha desesperada, batiéndose a la defensiva contra los 20.000
soldados de la primera línea austriaca que contraatacan para recuperar
el puente sobre el río Aube; las fuerzas de caballería e infantería de
la Guardia Imperial intervienen en la mayoría de los enfrentamientos
salvando la comprometida situación.
Schwarzenberg es remiso a enviar más tropas al
frente por tener la creencia errónea de que Napoleón dispone de muchos
más hombres y por lo tanto caería en una trampa si atacaba; al final del
día los franceses se mantienen en la villa y el puente de Arcis,
mientras los austriacos toman posiciones al sur de Arcis, entre Chaudry
y Premierfait.
Al día siguiente llegan el resto de las tropas
rezagadas de los respectivos contendientes; los aliados adquieren una
ventaja numérica abrumadora, de casi 3 contra 1, Napoleón pretende
atacarles hasta que observa personalmente el despliegue aliado en la
llanura al sur de Arcis, e inmediatamente ordena una retirada general al
norte, que será protegida por el Cuerpo de Ejército de mariscal Oudinot.
Schwarzenberg da la orden de acosar el
repliegue francés demasiado tarde, a las 15:00 horas. Los soldados de
Oudinot contienen la avalancha austriaca en Arcis, librando cruentos
combates hasta que el mariscal manda volar el puente y se repliega tras
haber contenido a los aliados con éxito, impidiéndoles perseguir a las
tropas de Bonaparte.
En los dos días, los franceses han tenido 3.000
bajas y los aliados unas 4.000.
24 marzo 1814:
IV Consejo de Guerra Aliado.
Tras la batalla de Arcis sur Aube,
los franceses se retiran pasando cerca de Vitry, guarnecida por 5.000
rusos, llegando el 23 de marzo a Saint Dizier, desde donde Napoleón
planea hostigar la ruta de suministros y comunicaciones de los
austriacos entre Chaumont y Langres; poco más puede hacer ya para
impedir su avance hacia París. Schwarzenberg teme ver cortada su
retirada y no ejecuta ninguna maniobra, indeciso.
Sin embargo sucede un hecho
importarte: los soldados aliados interceptan una carta de Napoleón
dirigida a su Emperatriz, Marie Luise, en la que describe su nuevo plan
de operaciones, pretendiendo luchar mientras le queden hombres,
reuniendo a todas las guarniciones y Cuerpos de Ejército, levantando en
armas la población de Lorena y Champaña, como en tiempos
revolucionarios, y atacar las rutas aliadas de suministros.
El 24 de marzo, los aliados
celebran en Sommepuis un Consejo de
Guerra, en el que se expone la carta. Los comandantes coaligados deciden
tomar la capital lo antes posible, terminando así con una campaña que se
prolonga más de lo esperado y amenaza con costar aún más vidas por la
enconada resistencia de Bonaparte. El Zar Alejandro I es quien más
presiona para alcanzar el anhelado objetivo.
En esencia, la estrategia aliada
seguirá siendo la misma que la acordada a finales del pasado año, en el
que se preveía la invasión de Francia, reuniendo unos 200.000 soldados
en las inmediaciones de Châlons para tomar finalmente París.
Actualmente, restando los
efectivos inmovilizados en guarniciones y vigilancia de caminos, los
ejércitos coaligados disponen en territorio francés de los soldados previstos, pero el Ejército de Silesia ha estado inmovilizado
por la mala salud del general Blücher, por lo que es Schwarzenberg quien
abrirá la marcha, mientras el anterior protegerá su ruta de suministros
desde Soissons; ambos ejércitos se unirán en Meaux y avanzarán juntos.
25 marzo 1814:
Batalla de Fere
Champenoise.
El Ejército de Bohemia del
mariscal Schwarzenberg, con unos 107.000 soldados aliados, reanuda su
avance a París, cuando le salen al paso los Cuerpos de Ejército de
Mortier y Marmont, 30.000 franceses cuya única misión es defender la
capital. El desequilibrado enfrentamiento concluye con la derrota y retirada de
estos, tras sufrir 5.000 bajas y abandonar gran cantidad de armamento. Los aliados tienen el camino libre
hasta París.
26 marzo 1814:
Combate de Vitry
El día 23 de marzo Napoleón se
propuso cambiar de estrategia al comprobar que ya no podía presentar
batalla en campo abierto contra los ejércitos de la Coalición, demasiado
mayores que el suyo, y se decide a hostigar sus rutas de suministros,
mientras intenta reunir a todos los Cuerpos de Ejército franceses y
evacuar las guarniciones para aumentar sus tropas y poder volver a
enfrentarse a los invasores de forma más ortodoxa.
Bonaparte pasa por Vassy y después
llega a Bar sur Aube, encontrando la mañana del 26 de marzo al Cuerpo de
Ejército aliado del general Winzingerode, unos 8.000 jinetes y 40
cañones cuya misión es proteger la ruta de abastecimiento de Schwarzemberg, camino de París. Napoleón le ataca
cuando se dirigía a Saint Dizier, obligándole a
retirarse.
Napoleón sabrá del avance
coaligado hacia París al día siguiente, pero decide continuar hostigando
sus líneas de suministro hacia Alemania, confiando en que su hermano
José y los mariscales Mortier y Marmont hayan preparado una buena
defensa de la capital.
El 28 de marzo, Bonaparte cambiará
de opinión y se dirige a París, pasando por Bar sur Aube, Troyes y
Fontaineblau, pues recibe informes del pánico de los parisinos ante el
avance aliado, a sólo dos jornadas de marcha de la capital. También
averigua que muchos políticos, como Fouché y Tallyrand, conspiran ya a
favor del exiliado rey Luis XVIII, pretendiente al trono de Francia.
Pero el Ejército de Bohemia llegará antes a la capital.
26 marzo 1814:
El general francés Maison reocupa Ghent, en Bélgica.
30 marzo 1814:
Batalla de París o de Montmartre.
La noche del 29 de marzo, el Ejército de
Bohemia del Príncipe Karl Felix Schwarzenberg
y el general Barclay de Tolly,
con 63.000 soldados rusos y 44.000 austriacos y alemanes, llega a la
vista del norte de París; más al norte se aproxima la vanguardia del
Ejército de Silesia, 38.000 prusianos y rusos al mando del viejo
general Gebhard Leberecht Blucher. En total
los aliados congregan cerca de la capital del Sena unos 145.000
soldados.
El Zar Alejandro I de Rusia pretende entrar en
París como Napoleón Bonaparte lo hiciera en Moscú, con tal objetivo ha venido
hasta aquí desde su lejano país. El rey Federico Guillermo III de Prusia
apoya al Zar en su deseo de vengar la ocupación francesa de su
nación; Blucher ha jurado que volará el puente dedicado a la victoria de
Jena.
París, monumental metrópolis que a principios
de siglo tenía 547.000 habitantes, está desprotegida ante los ejércitos
de la Coalición. José Bonaparte, nombrado Lugarteniente del Reino y
comandante supremo de la guarnición de París por su hermano, el
Emperador Napoleón I, apenas ha hecho nada para mejorar las defensas en
los dos últimos meses.
Los franceses siempre confiaron en detener a
los posibles invasores en la línea de plazas fortificadas y fuertes
poligonales que protegen las fronteras del reino. En los últimos 400
años la ciudad no ha sido atacada y su fortificación es insuficiente
para resistir el asalto de un gran ejército; consta de unos viejos muros
por los que se puede acceder al interior de la ciudad a través de 56
puertas, que hacen de París una ciudad muy difícil de defender.
Muchos de los parisinos se vuelven histéricos
ante la perspectiva de un bombardeo, combates callejeros o saqueos,
abandonando la ciudad por las puertas del sur en largas columnas de carruajes, como
hizo el día anterior la Emperatriz Marie Louise, junto a los ministros,
los miembros del Consejo de Estado y la Reina de Westfalia; escoltados
por unos 4.000 soldados de la Guardia Imperial.
José Bonaparte y el
mariscal Marmont asumen en la práctica la defensa de París.
El Lugarteniente del Reino acude al norte de la
ciudad a observar la situación, escoltado por 1.200 soldados de la
Guardia Imperial. Decide emplazar 84 cañones en las colinas de
Montmartre, al norte, y Belleville, al noreste, ordenando a todos sus
mariscales que acudan al norte de la capital, para desplegar sus Cuerpos
de Ejército en una línea entre ambas posiciones fuertes; los defensores
suman 42.000 hombres y 154 cañones; sin contar con 20.000 trabajadores
movilizados para colaborar en las tareas de defensa.
El mariscal Mortier tiene bajo su mando unos
12.000 soldados de la Joven Guardia, veteranos y bien equipados, que
quedarán en reserva; el Cuerpo de Ejército del mariscal Marmont tiene
otros 15.000 soldados de infantería de Línea, muchos de ellos reclutas
inexpertos; y por último, el Cuerpo del mariscal Moncey tiene otros
15.000, gran parte adolescentes y ancianos mal armados, o levas
procedentes de la Guardia Nacional. Otros 18.000 reclutas guardan el
palacio de Versalles y sus inmediaciones, fuera de la capital.
Moncey defenderá el flanco izquierdo, en el
sector de Montmartre; Mortier la línea central, entre Montmartre y Saint
Gervais; y Marmont el flanco derecho, en Saint Gervais y Belleville; al
este se destacan algunas fuerzas para guarnecer el sector de Vincennes,
en cuya École Militaire se guardan cañones, municiones y varios miles de
fusiles nuevos. El rey José permanece en Montmartre con una gran batería de artillería y
la Joven Guardia.
La disciplina entre los milicianos franceses es tan mala que
aprovechan la oscuridad para saquear las casas abandonadas por los
refugiados en los suburbios, esperando culpar después a los aliados.
Muchos parisinos de las clases bajas creen equívocamente que la
coyuntura durará poco por que Napoleón está muy cerca y vendrá a
salvarles.
Al amanecer del 30 de marzo los aliados despliegan gradualmente su
línea ante la capital a medida que las unidades van llegando desde el
norte y se detienen en sus puestos asignados; muchos parisinos y vecinos
de los pueblos colindantes se congregan en las cercanías de París,
provistos de catalejos para observar la inminente batalla.
En el ala derecha están el Cuerpo ruso de Langeron, delante de
Montmartre, y los prusianos de Kleist y Von Yorck, entre Montmartre y
Belleville. El centro aliado está dirigido por los propios Schwarzemberg
y Barclay de Tolly, emplazados ante Saint Gervais y Belleville, en el
ala izquierda está el 3º Cuerpo de Granaderos rusos del general Raevsky
y los Cosacos de Pahlen, entre el de Belleville y el norte de Vincennes.
Al norte, la columna de Blücher marcha hacia Auberville, mientras que
el 4º Cuerpo del Príncipe de Wurttemberg, rodea las defensas de
Vincennes e intenta llegar a Charenton, al sureste de París. Las
reservas aliadas constan de ocho regimientos de Coraceros rusos,
emplazados al norte de Belleville.
Pasadas las 06:00 de la mañana comienzan los combates en el sector de
Romainville, donde las tropas rusas de Barclay de Tolly atacan a la
división francesa de Compans, que primero retrocede y después
contraataca con apoyo de artillería y del 11º regimiento de Voltigeurs
de la Joven Guardia enviados por Mortier, que hacen retroceder a los
rusos hacia las 08:00 horas.
Mientras, más al norte de la capital, el general Blucher ataca
Auberville, y al sureste, el Príncipe de Wurtemberg consigue llegar a
Charenton siguiendo la ribera del Sena, encontrando escasa resistencia,
no como sucede al norte, donde los franceses defienden su capital con
desesperado frenesí.
Cuatro regimientos de Coraceros rusos atacan desde Pantin, al norte
de Belleville, pero actúan sin ningún apoyo y la artillería francesa de
Marmont les castiga duramente, siendo después repelidos por un
contraataque de la caballería francesa. Poco después la Guardia Prusiana
envuelve Belleville y los defensores del mariscal Marmont se retiran; el
segundo contraataque de los Granaderos a caballo de la Vieja Guardia es
detenido por la artillería aliada; cuya infantería toma Belleville,
deshaciendo al flanco derecho francés.
Entre Montmartre y Belleville la avalancha de infantería rusa y
prusiana hace retroceder a toda la Joven Guardia, rodeando a un grupo de
soldados en Saint Denis. El general polaco Niegolewski, con 80 Lanceros
y algunos Coraceros del general Lafitte intentan abrirse camino hasta
ellos para llevarles munición, pero tras varias cargas infructuosas, el
desmoralizado mariscal Mortier ordena retirada; la Guardia Nacional
resiste hasta que los prusianos la rodean por completo y se rinde,
cayendo así todo el centro francés.
Los Cuerpos rusos de Langeron y Rudsevich asaltan las posiciones
francesas de Montmartre, las últimas y mejor defendidas, donde los
soldados disparan sus cañones y fusiles sin cesar; el propio mariscal
Marmont les dirige cubierto de sangre, barro y hollín; Mortier también
participa activamente, aunque sin ninguna esperanza.
La batalla está ya perdida para los franceses, que no tienen líneas
regulares defensivas que protejan la capital. Sólo combaten algunos
grupos más o menos organizados que se apostan en las casas y azoteas de
la periferia, preparados para luchar hasta la muerte; otros han
preferido abandonar las armas, perdiéndose entre los callejones de
París.
La Vieja Guardia resiste en Coubervoie y la Joven Guardia en Saint
Denís, negándose a rendirse si no es con honores; están rodeados por los
aliados y no tienen posibilidad de escapar o ser socorridos. Aún son
muchos quienes esperan la aparición de Napoleón.
A las 16:00 horas los ejércitos coaligados interrumpen el fuego,
manteniéndose en las afueras de la gran ciudad, sobre la que se cierne
una tensa calma. El Lugarteniente del Reino, José, abandona París,
insinuando a Marmont que rinda la capital para evitar su destrucción
acompañada de una masacre; 18.000 franceses yacen muertos o malheridos.
El Zar Alejandro I se hace con el control de los acontecimientos,
exclamando ante Orlov. "...Dios me ha hecho poderoso y ha dado la
victoria a mis ejércitos, por que El desea que yo asegure la paz en el
mundo...". Orlov va a parlamentar con Marmont, que le lleva a su mansión
para concretar los términos de una capitulación respetuosa para las
vidas y los bienes de los parisinos, tanto civiles como militares. Los
aliados aceptan.
A las 02:00 horas de la madrugada del 31 de marzo, el mariscal
Marmont firma la capitulación de París, que en la práctica supone el
principio del fin del I Imperio Francés. Napoleón se entera en Juvisy, a
sólo 12 millas de la capital. Sintiéndose traicionado, se dirigirá
mañana hacia Fonteineblau para reunir a su ejército e intentar recuperar
Paris.
31 marzo 1814:
Los Aliados entran en París.
Al amanecer del 31 de marzo, los
restos de las tropas francesas que habían intentado defender París la
abandonan organizados en dos columnas, con los mariscales Marmont y
Mortier al frente de cada una; tristes, pero conservando su honor y sus
armas para luchar otro día, parten hacia Essones y Mennecy.
Talleyrand entrega las llaves de
la ciudad al Zar Alejandro I, poco después acudirán a él los diputados
parisinos, para entregarle un pliego donde se acuerda la entrega de las
instituciones municipales, formalizando la capitulación de la ciudad. El
Zar lo colocará bajo la almohada de su cama por la noche.
En la plaza de Los Inválidos, un
grupo de soldados aliados arroja a una gran hoguera las banderas y
estandartes imperiales capturados, mientras fuera de la ciudad las
tropas de élite coaligadas se visten con uniformes de gala, pulen sus
botones y enceran sus botas, preparándose
para una impresionante entrada triunfal.
A las 11:00 horas, los Guardias rusos y prusianos
comienzan a desfilar, entrando a través de la Puerta de Pantin,
precedidos de fanfarrias de trompetas y redobles de tambores. Tras ellos
cabalga el Zar montado en su corcel Eclipse, en compañía del rey de Prusia, a su izquierda, y el
mariscal Schwarzenberg a su derecha, seguidos de una comitiva de 1.000
oficiales de las distintas nacionalidades de la Coalición, Granaderos
rusos y austriacos, infantes de la Guardia prusiana, caballería de la
Guardia rusa y finalmente 47 escuadrones de Coraceros rusos.
Los milicianos de la Guardia Nacional, que ayer
luchaban por defender las calles, hoy se ven obligados a rendir honores
a los aliados, formando en dos líneas paralelas en las aceras de las
vías públicas por las que pasa la comitiva.
Para tranquilizar a la población, el Zar vocifera
repetidas veces en francés durante el desfile: "- No he venido como
vuestro enemigo, he venido para traeros paz y comercio...!" En una de
estas ocasiones, un parisino le sale al paso replicándole con júbilo: "
- Le hemos esperado durante mucho tiempo...! Otros añaden con alegría:
"- Larga vida al Zar...!"
En las calles, en las ventanas y balcones, encima de carruajes o
encaramados en los árboles se agolpan multitud de franceses que se quedaron a
esperar el desenlace de la batalla del día anterior, en su gran mayoría
partidarios del Antiguo Régimen, nostálgicos de la monarquía borbónica
que fue abolida por la Revolución, y que reciben con vítores a los
aliados esperando a que la restablezcan, gritando: "- Larga vida a los Borbones...!
El desfile triunfal dura unas 5 horas, dando un ambiente festivo a la
ciudad; incluso algunas mujeres salen de entre la multitud para subirse
a la grupa de los jinetes aliados.
Después de tantos años de guerras y las penalidades que traen
consigo, es destacable el que los vencedores no traten con revanchismo a
los vencidos. Los austriacos son los más amigables, por el contrario los
prusianos se muestran más antipáticos. Muchos soldados y oficiales de la
Coalición son franceses que emigraron tras la Revolución, que hoy por
fin retornan a la capital de su patria.
Los Cosacos serán particularmente agasajados por los parisinos debido
al temor que les inspiran; para congraciarse con ellos les ofrecerán
gratis las mejores carnes y bebidas en los mesones y restaurantes,
permitiéndoles dormir donde deseen, hasta en mansiones y palacios, lujos
a los que no están acostumbrados; sus rudos modales desconciertan a los
refinados franceses. Algunos acampan y lavan su ropa en los Campos
Elíseos.
La primera medida de los vencedores una vez ocupada París será
nombrar al general ruso Sacken como nuevo gobernador militar interino.
La caída de París en manos aliadas socava profundamente la reputación
de Napoleón. En periódicos franceses y británicos se le llama cobarde y
charlatán, comparándole con Atila, el rey Huno que asoló Europa en el
siglo V, o se le caricaturiza de forma burlesca. En Inglaterra, su fama
de carnicero es tal que las madres asustan a sus hijos con "Boney"; lo
cierto es que en los salones de toda Europa ya se le conoce como El
Monstruo.
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Las Guerras Napoleónicas:
Capítulo XXV, 2ª parte
Fin del I Imperio
Francés y Exilio de Napoleón: abril a junio 1814
1814
1
a 2 abril 1814:
Nuevo
Gobierno de Francia.
Charles Maurice de Talleyrand fue uno de los más
leales ministros de Napoleón desde 1807 a 1809, cuando este le cesó al
descubrir que intrigaba con Fouché para derrocarle, paradójico teniendo
en cuenta que Talleyrand ayudó a Bonaparte a alcanzar el poder.
Ahora, Con los soldados aliados protegiendo a los
monárquicos de París, Talleyrand se manifiesta en público como firme
partidario de la restauración del Antiguo Régimen, y recibe cordialmente
en París al Zar Alejandro I de Rusia y al Rey Federico Guillermo III de
Prusia; es él quien les dio las llaves de la ciudad.
El 1 de abril, Talleyrand, siguiendo además los
más firmes deseos de los monarcas coaligados que le amparan, elige un
Gobierno Provisional para Francia, despreciando el hecho de que el
Emperador Napoleón I aún vive y se encuentre en el país, en concreto en
su residencia de Fontaineblau. La Emperatriz regente Marie Louise y el
gabinete de ministros napoleónicos también se encuentran en la nación,
aunque fuera de Paris.
El 2 de abril, Talleyrand culmina el fulminante
proceso de transición hacia un estado monárquico al lograr que el Senado
y el Cuerpo Legislativo destituyan a Napoleón; que restará importancia a
estos actos y considerará al ambiguo político como otro traidor
oportunista más de los muchos que le abandonan en estos malos tiempos
para él.
3 a 6 abril 1814:
Abdicación
de Napoleón I.
En Fontaineblau, Bonaparte logra
reunir 60.000 soldados con el objetivo de recuperar París, y prepara un
gobierno provisional para contrarrestar al que los coaligados y los
monárquicos franceses han elegido en la capital, para movilizar a las
masas y alzarlas contra los invasores en acciones guerrilleras.
Pero la realidad es demoledora:
sus enemigos controlan el noroeste del país, parte del sur, y también la
capital, con unos 145.000 soldados acampando en ella y los alrededores;
muchos de los franceses le han dado la espalda, y no creen en su causa,
que, como él sabía, se sostenía solo mientras lograse victorias, a
diferencia de sus adversarios, que han podido movilizar continuamente a
sus pueblos contra él.
En un Consejo de Guerra celebrado
en Fontaineblau con sus jefes de Estado Mayor, Napoleón
expone sus temerarios planes, siendo interrumpido por el mariscal Ney,
que dice tajantemente "- El ejército no marchará a París" a lo cual
Bonaparte replica "- Los soldados me obedecerán." Ney le dice "- Los
soldados obedecerán a sus generales."
Después de tantos años de guerra,
muchos oficiales y soldados regulares están hastiados. Sin la lealtad
del ejército, Bonaparte sabe que no puede mantenerse como Emperador de
Francia, y menos aún con monarcas enemigos en el interior de sus
fronteras, protegiendo a sus detractores para que actúen sin reparos
contra él.
El 4 de abril, tras abandonar sus
planes militares, Napoleón anuncia que dejará el trono a favor de su
hijo, que ostenta el pomposo título de Rey de Roma.
Pero los monarcas aliados, aparte
de aborrecerle, no quieren que instaure una dinastía por considerarla
ilegítima de origen, al no descender Bonaparte de familia real alguna;
los monarcas coaligados pretenden restaurar a uno de sus iguales, un
noble de extirpe, a un descendiente de la casa de Borbón, la que reinaba
en Francia hasta la Revolución.
Los monarcas aliados ignoran la
propuesta, pero el Gobierno Provisional de París la acepta
inmediatamente y propone la candidatura de Luis XVIII de Borbón como
nuevo rey de Francia. Pero este gesto no tiene valor mientras el
Emperador siga en el país.
El 5 de abril, Marmont se cansa de
la obsesión de Napoleón por mantenerse en el poder, y rinde su Cuerpo de
Ejército, de 11.000 soldados, a los austriacos; de todas formas,
Bonaparte le despreciaba abiertamente por haber rendido París a los
aliados, y ya no tenía ningún futuro a su lado, por lo que se pasa a los
monárquicos.
Otros militares se distancian de
Napoleón hasta abandonarle, para unirse a los partidarios del Antiguo
Régimen, como los mariscales Ney, Macdonald y Oudinot, o los generales
de división Compans, Souham o Bordesoulle. En el ejército se celebran
comités secretos; algunos oficiales siguen fieles a Bonaparte, como el
mariscal Berthier o el general Palet, pero otros deciden no obedecerle o
transmitir sus órdenes, en clara insubordinación. Los mariscales más
leales le piden que abdique.
El 6 de abril, Napoleón se percata
de que pronto no tendrá los suficientes apoyos ni tan siquiera para
asegurar su propia seguridad personal, y decide abdicar sin condiciones,
renunciando a todos sus derechos adquiridos sobre el trono francés. Los
aliados ven cumplido por fin su deseo, exigiendo que lo rubrique en un
documento oficial, cuyas cláusulas deben redactar y aprobar; en esencia
comprenden la abdicación y el exilio.
A la noche siguiente, los soldados
de la Vieja Guardia, enterados de las tribulaciones de Napoleón, se
dirigen a su residencia para mostrarle su lealtad hasta la muerte,
coreando: "-Viva el Emperador...! Abajo los traidores...!" Este
fanatismo conmueve a Bonaparte, y pide voluntarios para escoltarle a un
futuro destierro; todos responden entusiasmados. Entre sus fieles aún
hay varios centenares de polacos.
10 abril 1814:
Batalla de
Toulouse, al sur de Francia, entre británicos y franceses.
11 abril 1814:
Tratado de Fontainebleau.
Napoleón se ve obligado por los
líderes de la Coalición y los monárquicos franceses a firmar el que será
conocido como el Tratado de Fontaineblau, por el cual renuncia al trono
de Francia, aunque retiene el
título de Emperador de forma honorífica.
Su soberanía se restringe al
gobierno de la pequeña isla mediterránea de Elba, a la que se le destierra con una escolta personal de 500
infantes, 120 jinetes y 120 artilleros de su elección. Para que disfrute
de una existencia muy
digna y placentera recibirá del reino francés una asignación
anual vitalicia de 2 millones de francos.
Esa misma noche Bonaparte
intentará suicidarse ingiriendo una veneno compuesto de Opio, Belladona
y Eléboro. A la mañana siguiente es encontrado enfermo, pero no grave.
El coronel británico Sir Neil Campbell, comisionado para encargarse de
la custodia de su arresto domiciliario, le describe como "...un animal
encerrado en una jaula, que camina ansiosamente de un lado a otro de su
habitación; sin afeitar, despeinado..."
14 abril 1814:
El futuro rey Luis XVIII desembarca en Calais,
Francia.
14 abril 1814:
Rendición de la guarnición francesa de
Hüningen,
en Alsacia.
3 a 4 mayo 1814:
Luís XVIII, nuevo rey de Francia.
El Gobierno Provisional francés
acepta la abdicación de Napoleón en los términos del Tratado de
Fontaineblau, ofreciendo el trono al hermano del rey Luís XVI,
decapitado en 1793, durante la Revolución.
Desde entonces, este superviviente
de la casa real de Borbón ha estado vagando por las cortes europeas,
ignorado y olvidado por todos, pero a los monarcas aliados les satisface
que vuelva para reinstaurar el Antiguo Régimen; y el 14 de abril
desembarca en Calais.
El 3 de mayo, Luís XVIII entra
solemnemente en París como rey, mientras Napoleón está en la costa
mediterránea a punto de zarpar a su forzado exilio en la isla de Santa
Elba.
Sin embargo, los ideales
revolucionarios han calado muy hondo en la sociedad francesa, y los que
desean la continuidad del Despotismo Ilustrado son poquísimos. La
mayoría de la gente quiere que el nuevo rey acepte una Constitución por
la que acepte respetar los derechos individuales y colectivos del
pueblo, cediendo casi todo el poder al Parlamento.
El 4 de mayo, el rey jura una
Constitución aparentemente más liberal que la promulgada por Napoleón en
1804, antes de proclamarse Emperador. Pero en realidad, es muy
conservadora. Diseñada a partir del modelo británico, determina que la
legislación está en manos de los ministros, que sólo son responsables
ante el rey. Y sin embargo acepta el Código Napoleónico.
Uno de los aspectos mas anglófilos
que contempla la nueva Constitución es la posibilidad de que el rey
pueda designar Pares del Reino, de cargo hereditario. El primero en
obtener dicha distinción será el el mariscal Marmont; así el rey le
muestra su agradecimiento por haber capitulado París y ser el primero en
abandonar a Napoleón.
Marmont, Duque de Ragusa, será
nombrado además Capitán de la Guardia Real; pero durante el resto de su
vida, será despreciado
por los napoleónicos, acuñando el término "ragusada" como sinónimo de
traición; a sus soldados les llamarán "la compañía de Judas"
El nuevo regente tendrá el apoyo
del clero, la nobleza, las clases altas y la alta burguesía, que esperan
de él que se comporte como un defensor de las libertades revolucionarias
y a la vez un restaurador de la cara más amable del Antiguo Régimen.
Pero en breve, el rey comenzará a inmiscuirse en asuntos de gobierno sin
ningún disimulo.
Pero una parte del pueblo llano y
el ejército seguirán fieles al exiliado Napoleón.
4 mayo 1814:
Napoleón
desterrado en Santa
Elba.
El 20 de abril, Napoleón se despide de los soldados de la Vieja
Guardia que no pueden acompañarle al exilio. En uno de sus discursos más
recordados y emotivos, alaba entre lágrimas el coraje y fidelidad que le
han demostrado durante 20 años, diciéndoles que ahora deben continuar al
servicio de Francia, y que les lleva en el corazón.
El 28 de abril, Bonaparte abandona Fontaineblau disfrazado, para
evitar ser reconocido por los numerosos enemigos que ahora tiene en el
país, en compañía de un pequeño grupo de invitados, sirvientes, y una
provisión de alimentos y bebidas selectas, partiendo
hacia el puerto de Marsella, en la costa mediterránea.
Los aliados le permiten llevar consigo al exilio una escolta de hasta
1.000 hombres de su elección. Casi todos los soldados elegidos proceden de la Vieja Guardia.
Hay 100 artilleros, 300 Granaderos, 300 Cazadores, 100 Lanceros polacos
y 21 Marines; sólo de la artillería de la Guardia se presentaron más de
400 voluntarios.
En el cortejo de Napoleón figuran los generales Bertrand y Drouot.
Otros quisieron unirse a la comitiva, estando dispuestos a formar
parte de la escolta como soldados rasos. Un personaje pelicular del
personal de servicio es el contable italiano encargado de gestionar el
cobro de los pagos anuales que el nuevo gobierno francés ha prometido a
Bonaparte.
El 4 de abril, Napoleón llega a Marsella, embarcando en
el buque de guerra británico Undanunted, que lo transporta a
Portoferraio, en la pequeña isla de Santa Elba,
situada muy cerca de la costa italiana de Toscana. Su nuevo reino
tiene una extensión de 12 millas de ancho por 18 millas de largo,
albergando una población de
110.000 personas.
Napoleón regirá el Principado de Santa Elba de forma suntuosa,
ostentando un poder absoluto. Inmediatamente reforma sus leyes y sistema
de gobierno, para después dedicarse a la construcción de caminos y
edificios públicos, como un tribunal o un teatro.
Residirá en la Pazzina dei Muline, un soberbio palacio que decorará a
su estilo. En una sala encarga realizar frescos mostrando escenas de su
campaña en Egipto. Su otro hogar será una opulenta casa en San Martino,
en el interior de la isla, a la que llamará Bijou.
Durante su estancia en la isla recibirá continuos informes de la
situación en Francia, esperando el momento propicio para escapar del
destierro y recuperar su imperio.
27 mayo 1814:
Fin del sitio de Hamburgo.
El año anterior, durante la II
Guerra de Liberación, el mariscal Louis Davout, al mando del 13º Cuerpo
de Ejército francés, unos 15.000 infantes y 5.000 jinetes, fue destinado
a Hamburgo, ciudad que se había rebelado contra el Imperio Francés.
Bonaparte le ordena mantener la
ciudad a toda costa, confiscando las viviendas, equipos y alimentos que
necesitara para mantener su ocupación, además de exigir a sus ciudadanos
el pago de 50 millones de francos como castigo por su rebeldía. Los
hospitales de la ciudad albergarán a los enfermos y heridos de la
campaña francesa, hasta 10.000.
Pero tras la derrota en la batalla
de Leipzig en octubre, Napoleón se retira de Alemania el 4 de noviembre
con los restos de la Grande Armée, dejando una serie de guarniciones en
plazas fuertes para obstaculizar el avance aliado, planeando que más
tarde podrían servirle como bases de operaciones en la reconquista de la
Confederación del Rin.
Hamburgo es una de las
guarniciones francesas que quedan así abandonadas a su suerte; los
ejércitos aliados enseguida les ponen sitio a todas, intentando
rendirlas por hambre.
Davout intenta ganarse a los ciudadanos con los
que habrá de convivir sólo y en territorio enemigo. Así que en lugar
de expropiarles, se incauta el dinero de la multa del Banco de
Hamburgo, y reúne víveres para unos 8 meses sin recurrir a requisas
masivas. Para evitar una hambruna posterior, permite la salida de
25.000 civiles, advirtiendo a quienes se quedasen que debían tener
alimentos para resistir al menos un año de asedio.
Una vez comenzado el asedio, Davout se dedica a
organizar la defensa, determinado a no rendirse ni ser capturado.
Raciona los alimentos, refuerza todas las fortificaciones y emplaza
estratégicamente en ellas los 350 cañones con los que cuenta, de tal
forma que batan la zona circundante sin dejar ningún punto muerto; la
ciudad parece inexpugnable, por que además el mariscal francés tiene
fama de no haber sido nunca derrotado.
En diciembre, los Ejércitos del Norte y de
Polonia, al mando de Bernadotte, Príncipe de Suecia y el general ruso
Bennigsen, se congregan alrededor de la gran ciudad dispuestos a
tomarla por asalto, alcanzando sus efectivos 120.000 soldados, casi el
10% del total de los ejércitos coaligados.
Pero Bernadotte conocía las fuertes defensas de
Hamburgo y no deseaba arriesgar a sus hombres en un asalto que tenía
muchas probabilidades de fracasar, por lo que ordenó a los 60.000
suecos y alemanes bajo su mando que abandonasen el cerco, pensando en
emplearlos en la ofensiva para liberar Bélgica de la ocupación
francesa; a finales de diciembre los aliados comenzarían la invasión
de Francia.
El 9 de febrero de este año, los rusos del
general Beningsen intenta abrir una brecha y hacer entrar una columna,
pero Davout acude rápidamente al sector, hace traer la artillería que
de reserva e infantería de otros puestos, causando graves estragos
entre los sitiadores, que deben desistir de su empeño, como sucederá
el día 17.
La noche del 27 de febrero, los rusos intentan
un tercer asalto, pero Davout ordena el lanzamiento de bengalas,
poniendo al descubierto a las tropas y las baterías de los sitiadores;
la potente artillería francesa causa otra masacre.
Beningsen se limitará a esperar que los
defensores agoten sus alimentos y se rindan por hambre, la mayoría de
las guarniciones francesas claudican una por una de esta forma; pero
Hamburgo aún cuenta con provisiones para dos meses cuando el 25 de
abril Davout es informado de la abdicación de Bonaparte, acaecida unos
veinte días antes; pero el mariscal no lo cree y espera confirmación.
El 30 de abril, el nuevo gobierno de Francia
ordena al mariscal Davout que entregue la plaza a los alemanes,
retornando honorablemente con sus hombres a la patria. El mariscal
duda sobre si debe su lealtad al depuesto Napoleón o al nuevo gobierno
monárquico; finalmente se decide por acatar al rey Luís XVIII cuando
este llega oficialmente al trono.
Hoy, 27 de mayo, el 13º Cuerpo de Ejército
francés abandona Hamburgo con todo su armamento, equipos y
estandartes. Durante el asedio, los franceses tuvieron unas 11.000
bajas, en su mayoría por enfermedades o heridas mal curadas.
Davout abandona el servicio activo y se retira a
su residencia de Savigny sur Orge; poco después será acusado de
deslealtad al nuevo monarca, por no haber rendido la plaza hasta haber
confirmado la abdicación de Bonaparte, así como de apropiación
indebida, por la enajenación del dinero del Banco de Hamburgo, lo que
no se demostrará, pero lo cierto es que su reputación en Francia
disminuye, y Alemania le odian.
29 mayo 1814:
Muerte de
Josephine Beauharnais, primera esposa de Napoleón.
30 mayo 1814:
I Tratado de París.
Los delegados de la victoriosa
Coalición cimponen a Francia 33 condiciones generosos por su derrota: se
restablecen las fronteras de 1792, pero los territorios de Saboya,
Alsacia, el Sarre y el territorio pontificio de Aviñón siguen en manos
francesas. Inglaterra se apropia de Malta, pero devuelve los puestos
coloniales en Asia, América y África.
Otras cláusulas contemplan la
reconciliación con los partidarios de Bonaparte, que no podrán ser
perseguidos y podrán emigrar si lo desean; la navegabilidad y libre
comercio por el Rin es otro punto importante del tratado.
Cabe destacar el que los
vencedores no impongan ninguna sanción económica, gesto que raras veces
se ha dado en la historia de la humanidad, y con el que los monarcas
aliados muestran la veracidad de lo que manifestaron desde un principio:
su guerra era contra Napoleón, y no contra los franceses.
En Alemania, la ausencia de
castigos o sanciones a Francia indigna a muchos ciudadanos que han
padecido la ocupación napoleónica, dándose manifestaciones y disturbios
que ni siquiera la devolución a Berlín del grupo escultórico de la
Puerta de Brandemburgo, saqueado por los franceses, consigue aplacar.
La guerra ha terminado
oficialmente y la Sexta Coalición se disuelve, los soldados aliados
retornarán progresivamente a sus hogares. Los diplomáticos volverán a
reunirse para reorganizar el mapa político del resto de Europa,
trastocado por las acciones de Bonaparte, a quien algunos políticos
desean exiliar a un más lejos del continente...
7 a 20 junio 1814:
Celebraciones en
Londres.
El 7 de junio, el Zar Alejandro I
de Rusia y el Rey Federico Guillermo III de Prusia desembarcan en el
puerto de Dover con una comitiva entre la que figuran altos oficiales
como los mariscales Blücher y Barclay de Tolly o el general Platov, y
otros políticos europeos como los Príncipes de Metternich y Leichtestein.
Son recibidos por una alborozada
multitud de británicos, deseosos de ver y tocar a los protagonistas de
las guerras que hasta ahora sólo conocían por noticias de la prensa. La
comitiva se dirige hacia Londres, siendo aclamada con fanatismo por los
ciudadanos de las villas que encuentran a su paso, e incluso los
campesinos les vitorean en los caminos.
Ya en la capital, los londinenses
forman tal algarabía que desenganchan los caballos del carruaje del rey
prusiano y lo empujan ellos mismos por las calles; y como el Zar había
anunciado su deseo de visitar al Príncipe Regente, una muchedumbre le
espera aglomerada a la puerta de palacio.
El Zar ruso, el Rey prusiano y el
Príncipe austriaco Metternich son recibidos por el Príncipe de Gales,
manteniendo una conversación sobre asuntos religiosos. Alejandro I es el
más popular, pasando por Hyde Park vestido con uniforme británico tras
recibir el doctorado honorífico en Oxford; una vez en palacio, los
londinenses reclamarán que se asome al balcón para saludarles hasta
veinte veces. Después visitará la Abadía de Westminster, el Museo
Británico e incluso contemplará las famosas carreras de caballos de
Ascot.
Pero de entre los invitados
continentales son los Cosacos de la escolta del general Platov quienes
atraen el mayor el interés de los ingleses, por el exotismo de su rudo
aspecto, barbudos con el rostro cubierto de cicatrices, y los relatos
que han leído sobre su ferocidad en combate durante los pasados tres
años de campaña europea.
El 16 de junio, los monarcas y sus
generales son invitados por los mercaderes y banqueros londinenses a
disfrutar de una suntuosa cena, en la que se reúnen hasta 700 comensales
que disfrutan del suculento ágape servido en vajilla de oro mientras son
deleitados por músicos italianos; aunque la Gran Duquesa Catalina de
Rusia protesta por que no puede soportar sus melodías, situación que
terminó en un embarazoso incidente con el Príncipe Regente.
Dos días después, el Zar ruso, el
Rey de Prusia, el Primer Ministro austriaco, el Duque de Wellington,
Blücher y Barclay de Tolly son invitados a otra cena, esta vez ofrecida
por el Ayuntamiento de Londres, pero ya por entonces corre el rumor de
que el Zar se siente incómodo en Inglaterra y desea retornar a su
patria.
El 20 de junio tiene lugar la
última ceremonia destacada de la celebración de la victoria aliada, en
la que los monarcas y sus generales asisten a un gran desfile de 12.000
soldados británicos en Hyde Park. Después la comitiva abandona Londres
para dirigirse al puerto de Dover, donde embarcarán a Francia, y desde
allí retornarán a sus respectivos países.
1 noviembre 1814:
comienza el Congreso de Viena.
24 diciembre 1814:
Tratado de Gante.
Aquí finaliza esta cronología.
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